¿Por qué un página de poemas en una tienda online de venta de artículos de ferretería?
Porque intentamos mantener el espíritu de nuestro negocio real en este nuevo emprendimiento virtual. Así como aquel que viene a nuestro local se puede llevar un poema, quisimos que quien nos visite en nuestra tienda online también pueda llevárselo. Nos encanta compartir buena literatura.

Por eso preparamos una Antología de Poemas que puede descargarse completa haciendo click en el ícono a continuación.
LINK ANTOLOGÍA DE POEMAS

 


 

Y una selección de 6 poemas para leer online:

 

Juan de Aserradero (Manuel J. Castilla, Luna muerta, 1943)

Juan del Aserradero se ha embriagado
y hace como dos horas que duerme en la vereda.
Ayer, Juan ha cobrado
y en el bolsillo apenas si tiene una moneda.

Juan del Aserradero
tirado en la vereda
se parece a los perros.

Y para que el solazo no le queme la cara
y se despierte luego,
el yuchán de la calle
tira sobre sus ojos sombra como un pañuelo.

Chaguanco, como pocos,
Juan del Aserradero
quiere olvidar la sierra
y se duerme en el suelo,
pero la sierra vuela
por encima del pueblo,
se torna una cigarra
y le asierra su sueño.


Oh ese bar (Jorge Leonidas Escudero, Verlas venir, 2002)

E estábamos en el bar La Gota de Grasa
famoso cubil de nocturnos. Óigame,
no una noche ni dos jugábamos al truco,
no por chiste ¡epa!

Orejeábamos la noche sin apuro
y sucedía qu’el tiempo
sin avisarnos iba hacia hacete
de cuenta que estábamos en el paraíso.

Que hasta a la alba no cejábamos
de manejar cartas ahí
seguros de que nunca se nos secaría la lengua
por falta de reposiciones vínicas.
¿Dije bien?

Lindo tiempo ese el perdido,
pero conciso, lleno de hombría y amistad.
¿O qué otra cosa tiene mejor la vida
que darse el gusto sin ofender a nadie? Sí,
estuve revolcándome en La Gota de Grasa.
Y los moralistas vaya a otro bar a predicar
porque aquí los mirones son de palo.


Soneto 146 (Sor Juana Inés de la Cruz, 1651-1695)

En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento 
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas;
y así siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.

Yo no estimo hermosura que, vencida,
es despojo civil de las edad,
ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor en mis verdades,
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.


Los heraldos negros (César Vallejo, Los heraldos negros, 1919)

Hay golpes en la vida tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida tan fuertes… Yo no sé!


Anillos de ceniza (Alejandra Pizarnik, Los trabajos y las noches, 1965)

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor de lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición del sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta,
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.


Tan huesolita que te ibas (Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Elegías de la piedra que canta, 1969)

Tan huesolita que te ibas

tan envidiada de qué sombras la tierra ardía huesolita
la siesta ardía melodiosa tan como ibas tu sonrisa era
una piedra arrobadora y era otra piedra mi costilla
dulcequeamarga solasola cuajada de alta pedrería eran
tus voces tan palomas eran tus manos piedras finas
guitarra tan azuladiosa eras la piedra que acaricia pie-
dra te ibas quién te roba última brisa de la brisa o
flauta mía o leja y rota tan huesolita que te ibas tan
de la gracia mucha y poca si cuando vuelvas ves mis
días oh piedra llena llaga

                                              hermosa!